dimecres, 21 de setembre del 2016


La oración que cambia.

En la oración,  acostumbrados a "pedir" sin más, (salud, riqueza, bienestar, etc.), nos olvidamos de la esencia de la oración: Quien ora, no  puede  hacerlo sólo el hombre, con la lógica humana; es algo más elevado,  hay que descubrir cómo hacerlo desde Él: “Pidamos  al  Espíritu  Santo que  Él nos enseñe  a rezar; no  se  puede  rezar  sin  el Espíritu Santo. Es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a llamar a Dios ‘Padre’. (Hay que tener esa "Presencia interior"; esa apertura consciente de corazón : es ella quien lo hace posible).

La oración no  tiene por  finalidad  que  Dios "cambie" las cosas por mis ruegos. Si lo hace, es su voluntad, no la nuestra.  Quien  se "cambia" en  la oración, -así como en la obra de Misericordia-,  es  lo  mismo:  si con  humildad  se ora  por algo,  se  ha  de hacer conscientemente de que es 'quien ora' quien se transforma,  interiorizando  el sufrimiento, abriendo el corazón, .....  eso mismo comporta ya un "cambio".  

Cuando se dice:  en realidad lo que se recibe pidiendo, es la fuerza para cambiar-nos el corazón,   más que "pedir" una   fuerza  para  cambiar-nos  el  corazón,  se trata de interiorizar  en  nuestra  consciencia  el  sufrimiento del mundo,  y,  a través de nuestra actitud de apertura consciente del corazón,   se produce ya un cambio: no somos  nosotros  quienes  hemos  de tener  la fuerza  que pedimos para que  así  "cambie" el mundo, sino dejar que  Él fluya a través de nuestro corazón,  y que  el cambio del mundo se haga según Su voluntad.
   

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