La oración que cambia.
En la oración, acostumbrados a "pedir" sin más, (salud, riqueza, bienestar, etc.), nos olvidamos de la esencia de la oración: Quien ora, no puede hacerlo sólo el hombre, con la lógica humana; es algo más elevado, hay que descubrir cómo hacerlo desde Él: “Pidamos al Espíritu Santo que Él nos enseñe a rezar; no se puede rezar sin el Espíritu Santo. Es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a llamar a Dios ‘Padre’. (Hay que tener esa "Presencia interior"; esa apertura consciente de corazón : es ella quien lo hace posible).
La oración no tiene por finalidad que Dios "cambie" las cosas por mis ruegos. Si lo hace, es su voluntad, no la nuestra. Quien se "cambia" en la oración, -así como en la obra de Misericordia-, es lo mismo: si con humildad se ora por algo, se ha de hacer conscientemente de que es 'quien ora' quien se transforma, interiorizando el sufrimiento, abriendo el corazón, ..... eso mismo comporta ya un "cambio".
Cuando se dice: en realidad lo que se recibe pidiendo, es la fuerza para cambiar-nos el corazón, más que "pedir" una fuerza para cambiar-nos el corazón, se trata de interiorizar en nuestra consciencia el sufrimiento del mundo, y, a través de nuestra actitud de apertura consciente del corazón, se produce ya un cambio: no somos nosotros quienes hemos de tener la fuerza que pedimos para que así "cambie" el mundo, sino dejar que Él fluya a través de nuestro corazón, y que el cambio del mundo se haga según Su voluntad.
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